El Mundo que se fue

  • Dejémonos transportar por el tiempo y caminemos por las calles de Europa. En sus aceras se siente ya el viento frío que anuncia al invierno. Las ciudades y los pueblos nos rodean con su bullicio y sus cotidianas expresiones de vida. Pero existe un doble lenguaje, pues mientras todo al parecer está tranquilo, en el aire se respiran también premoniciones de guerra, de preocupación e incertidumbre.

    Pero síganos, recorran a nuestro lado los barrios judíos de Lublin, de Bialostok…bajemos por aquella cuesta que llega hasta el centro de Lodz o de Vilno o de Lida…caminemos juntos por aquel amplio bulevar de Varsovia… o visitemos el pintoresco Puerto de Salónica.

    La historia desfiló caprichosamente al mismo ritmo con el que nos movemos hoy, dejando a su paso, intactos algunos recuerdos y desvanecidos otros…

    Valdría la pena hacer hoy, algo más que deambular sin rumbo, codeándonos con toda esta gente que se mueve apurada en su quehacer diario…sería mucho mejor detenernos a observarla, pues cada una de ellas encierra una historia, y son elementos clave de este museo, son nuestro espejo, un trozo de nuestro pasado, un suspiro que nos arrebató la vida…

    Lida… una ciudad situada en Bielorusia, donde existía una comunidad judía floreciente…

    Gente entrando al teatro, tras el mostrador de los puestos del mercado, tomando lentos sorbos de una humeante taza, tras el cristal de aquel café…niños, ancianos, mujeres…todos en la extraordinaria y dinámica tarea de estar vivos…

    Un mundo dentro de otro… rostros…sonrisas esperanzadas, miradas melancólicas, pasos rápidos y ajetreados… un mundo que refleja la cotidianidad de ese pueblo judío que se ha conducido de una forma casi idéntica a través de la historia. Inmerso en sus costumbres, apegado a sus preceptos, obediente a la ética de sus ancestros.

    Cocheros, sastres, zapateros, panaderos. Gente letrada o humilde. Barbas blancas y abrigos oscuros. Pañoletas sujetando el pelo y faldas que rozan casi el piso. Parecen ser instrumentos que afinan sus cuerdas y nos deleitan con sus lánguidas notas. La música nos habla al oído, nos tararea la dulce canción del florecimiento de un pueblo que ha impreso su huella por toda Europa.

    Y la voz central de aquella tonada, parece ser un violonchello que arrastra su arco haciéndonos recordar, jalándonos de la solapa para ver a través de la ventana de centenas de cuartos medio iluminados…

    Rezos…estudio…

    Un anciano con cara de sabio nos remite a tantos otros que como él, enseñaron a niños y jóvenes, lo que estaba escrito en el Gran Libro…

    Figuras de la talla del Rabino Shneirson del Movimiento Jabad o del Rabí Soloveichick o del gran Eliahu Hagoen… Aquel mundo, por el que transitó el Rabino Avigdor y tantos otros más, estuvo iluminado por mentes prodigiosas, que surgían de Colegios y Yeshivót como las de Checoslovaquia, Lubavitch, Mir, Bialostock y Lublín… y cuya fe y sabiduría envolvieron la vida espiritual de Polonia.

    Ya que nuestro andar nos lo permite, miren esas sinagogas…

    Señoriales, ¿no es así ? son las de Vilno y Kasiatin… En esta ciudad y en aquella…. el colegio de I.L.Peretz, la Preparatoria de Kovno, la Escuela de Frug, el Instituto Tecnológico Judío de Vilno…

    Nos parece posible escuchar las voces de los maestros recitar la lección…a los alumnos memorizar la clase…no fue hace tanto…quizás tan solo, unas cuantas páginas atrás, en el pesado libro de la historia…

    Y de entre aquellas lecciones repetidas y de esos volúmenes gastados, brotan como lánguidas notas, los versos, la doctrina, los ensayos de los escritores, poetas y filósofos judíos de la talla de Bialik, Sholem Aleijem, Mendele Mojer Sfarim, Sholem Ash,Peretz, Roizen, Yosef Opatoshu, Peretz Hirshbein y Roizenblatz.

    Su obra fue leída en toda Europa, y trascendió, gracias al surgimiento de una sólida prensa judía en ydish y en hebreo.

    Este mundo que contemplamos, fue el primer testigo de aquellas ideas que harían cambiar todo lo hasta entonces conocido en los ámbitos de la ciencia. Albert Einstein caminó por esta misma acera, y en esta misma dirección.

    Como tantos otros intelectuales y pensadores judíos, que aportaban sin cesar sus ideas y teorías socio-políticas, creando movimientos como el “Bund”, la Unión Socialista Judía y la Organización Sionista de los Trabajadores. Notas e instrumentos en ese pentagrama maravilloso que era la vida de Europa de aquellos años…

    Y cuando nos parecía que los violines tocarían por siempre, una nube obscura lo cubrió lentamente todo…


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